Anne tomó su bolso y
se apresuró a salir de aquel lugar, sin billete de ida. Así que, sin destino definido, quiso dirigirse donde el
aroma de la vida la llevara. Caminados apenas diez metros de la puerta del café
tuvo que detenerse, se había dejado "el alma atrás", se sentía
inánime, casi desorientada. El fresco del invierno le trasladaba un sentimiento
más hondo de vacío.
Camino del mar soñaba con que éste le devolviera soluciones, empeñada en encontrar fuera, lo que, sin duda alguna, estaba dentro y sólo ella podría decidir.
Rebuscó entre los
papeles del bolso y encontró, arrugado, el teléfono de Marielle, con una nota
que decía: "Echo de menos tus rizos en el café, tu mirada interrogante y
tus manos frías".
Hasta sus labios
llegaron caravanas de lágrimas que como víctimas de un éxodo inexplicable,
salían de sus ojos. La emoción buscaba en su mente la claridad de unas ideas
que su pasado se empeñaba enturbiar.
Del
"bolso-desván" que la acompañaba desde hacía meses, sacó su móvil
para marcar el número de una nueva vida, para crear nuevos cielos e ilusiones y
para entregarse al amor, que no conoce límites cuando es verdaderamente AMOR.
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